“Los Guardianes, ¿misterios sobrenaturales o creaciones de la mente?”

Javier Pérez Campos

Autor de Los Guardianes (Ed. Planeta, 2019)

Los Guardianes, de Javier Pérez Campos, reportero del programa dirigido por Iker Giménez, Cuarto Milenio, es un libro que recoge la investigación realizada por el autor a lo largo de dos años sobre el fenómeno de los Guardianes, apariciones que salvan vidas, que protegen o advierten de finales trágicos. A lo largo del libro se recogen experiencias y testimonios de personas que han experimentado dichas apariciones, pero también se ofrece una contrapartida científica, un intento de explicar por parte de la ciencia a qué se deben dichos fenómenos. ¿Necesidad de creer? ¿Estimulación cerebral? ¿Percepciones reales? Quizás tú seas un Guardián…

Todas las culturas los tienen presentes. Los Guardianes, Ángeles de la Guarda, Guías o como quiera que se les llame, son seres vinculados con el otro mundo que surgen para ofrecer una ayuda sobrenatural. Pueden aparecer en cualquier situación, pero son múltiples los casos narrados de estas apariciones en espacios especiales como montañas, parajes desiertos de humanidad, remotos o en hospitales también. Tal y como deja muy claro en su libro Javier Pérez Campo, “las apariciones de los Guardianes ocurren indistintamente y de manera aleatoria. No existe, aparentemente, un porqué ni un cuándo ni un a quién, ni rastro de patrón. ¿Por qué salvan a unos y a otros no?”. Dice en su libro, tras una reflexión ante el cúmulo de historias seguidas e investigadas: “Una de las pocas garantías que había extraído de ellas era que habitualmente ocurrían en situaciones peligrosas. A veces son simples voces, otras, siluetas apenas definidas, y otras familiares o amigos perfectamente reconocibles”.  Un misterio que Javier Pérez Campos ha querido contrastar con científicos, sometiéndose, incluso, a algún experimento que intenta explicar cómo el cerebro puede recrear esas apariciones/visiones.

¿Cómo surge la idea de este libro?

¡En mi viaje de novios! Estábamos en Nueva York, fuimos a ver el Memorial del 11 de septiembre y para mí fue un shock. Aquello es un descenso a las tinieblas. Es un lugar donde se rememora a las víctimas de los atentados del 11 de septiembre mediante sus objetos personales. Y digo que es un descenso a las tinieblas porque es literal; está bajo tierra, en el lugar que ocupaban antes las Torres Gemelas. Recuerdo especialmente una sala forrada de fotos de las víctimas, y casi como un acto reflejo recordé la historia de Ron diFrancesco, que había leído en algunos medios de comunicación. Era el último hombre que salió vivo de la Torre Sur. Él contaba que había sido guiado por una voz que le había acompañado hasta la salida. Pensé que sería interesante conocerlo, oír de viva voz su historia y saber si habían habido otros casos de personas que en situaciones límite habían podido vivir gracias a un misterio. Estamos acostumbrados a escuchar historias de fantasmas que dan miedo, pero a mí me interesaba mostrar el lado más amable de estos fenómenos y es ahí cuando surgió la idea.

El libro comienza con la cita del antropólogo Joseph Campbell: “El individuo tiene que saber y confiar, y los guardianes eternos aparecerán”. Pero no a todos se les aparecen. Por qué a unos sí y a otros no es una pregunta que no tiene contestación, sin embargo, resulta inevitable hacérsela.

Está claro… La pregunta de por qué a mí no o de por qué a otros sí es inevitable. Cuando conseguí hablar en persona con Ron diFrancesco me confesó: “Me sigue atormentando y lo hará hasta la muerte la pregunta de por qué me salvaron a mí y no a amigos, a compañeros que estaban también allí y que se merecían, más que yo, ser salvados, salir de allí”. Hay quien dice que todos tenemos Guardianes, pero que no todos sabemos escucharlos o interpretar sus señales y hay quien piensa que todo tiene que ver con el cerebro, con el enigma de la mente, con una consecuencia del instinto de supervivencia extremo, como si la mente fuera capaz de adoptar una identidad propia y desde una frialdad y una posición absolutamente privilegiada ir dándonos órdenes precisas, y que no todo el mundo tiene el cerebro desarrollado de la misma manera. Existen diferentes hipótesis, pero no sabemos bien por qué sucede.

Siempre que habla de los Guardianes se dirige a ellos con la G en mayúscula, como si fuera un nombre propio y dotándolos de una identidad. ¿Ese ha sido su interés?

Muy buena apreciación… Tuvimos un debate con los compañeros de la editorial Planeta sobre qué deberíamos hacer, si ponerlos con G mayúscula, minúscula… Mi posición era que los Guardianes son un misterio; no se sabe de dónde proceden, no son unos guardianes de carne y hueso, con lo cual yo creía que era importante diferenciarlos de otro tipo de guardianes, como los físicos, voluntarios. Me parecía interesante diferenciarlos con la G mayúscula porque estamos hablando de un misterio que nos trasciende, independientemente de si proceden de nosotros mismos o del exterior.

Javier Pérez Campos con Íker Jiménez, director del programa Cuarto Milenio. Foto Instagram Javier Pérez Campos

De las pocas certezas que hay al respecto de los Guardianes es que aparecen en momentos extremos. ¿Qué diferencia hay con lo que algunas creencias llaman guías, que dicen estar presentes en nuestro día a día, y que personas sensitivas pueden apreciar incluso en situaciones no extremas?

Hay quien piensa que son los mismos. En el libro me interesaba estudiar el fenómeno desde su perspectiva más extrema, es decir, personas que en una situación en la que se estaban jugando la vida eran guiadas por una voz o por una presencia que les hablaba. ¿Son los mismos que quizás nos dan fuerza desde algún lugar? ¿Somos nosotros mismos? Yo he hecho un libro de preguntas, donde hay poco espacio para las respuestas. Me gusta que el lector saque sus propias conclusiones y que no siempre sean las mismas que las mías. De hecho, mis conclusiones no importan en el libro. El Guardián es cualquier figura que en un momento dado nos ayuda, bien sea en momentos límites bien sea en situaciones de tristeza… Se les denomina guías espirituales, y las religiones también les ponen nombre. El cristianismo, por ejemplo, tiene el Ángel de la Guarda… Son figuras que están presentes en las diferentes religiones, aunque están encorsetadas en sus sistemas de creencias, pero el ayudante sobrenatural siempre ha estado ahí. Joseph Campbell, el mitólogo, ha recogido numerosas historias similares en todas las culturas, con lo cual es un fenómeno al que hay que prestarle mucha atención.

“El mito no es sinónimo de falacia”, dice Joseph Campbell, y también queda recogido en el libro…

El mito es la explicación de algo misterioso. Campbell, además, recorrió todo el mundo en busca de los mitos primigenios y se dio cuenta de que hay un mito universal del que parecen beber todas las culturas y civilizaciones, que es la teoría del monomito. Las apariciones de fantasmas que la gente nos explica en el programa “Cuarto Milenio” ya aparecían en pinturas rupestres, con lo cual es la prueba de que hay un misterio antiguo que ha ido variando con el paso del tiempo pero que ha interesado por igual a la sociedad. En el fondo, el enigma de los Guardianes nos desafía desde hace mucho y al que, por cierto, la ciencia está prestando atención, no es algo minoritario.

El “casco de Dios” es un experimento científico que intenta llevar a quien se somete a él a situaciones que explican cómo el cerebro recrea determinadas “alucinaciones”. ¿Explica realmente tantos y tantos casos de apariciones de ángeles de la guarda?

El “casco de Dios” es un experimento que trajo el doctor José Miguel Gaona, que estuvo en Nueva York, con Michael Persinger, investigando sobre si las apariciones o las sensaciones de presencias podían tener que ver con cierta estimulación del cerebro. El “casco de Dios” es un conjunto de electrodos, que se colocan en la cabeza, y que van estimulando diferentes áreas del cerebro para intentar generar esas sensaciones. Nosotros fuimos a la facultad de Filosofía y Letras en la Universidad de Córdoba, un sitio cargado de historia y en medio del pasillo más lejano, oscuro y solitario de la facultad, en mitad de la noche, me dejaron allí durante 40 minutos con el “casco de Dios” trabajando, con los ojos vendados, intentando generar una sensación de aislamiento y para mí fue toda una experiencia, porque los sentidos se van agudizando… De pronto notas que el aire pesa y en un momento dado tuve la sensación de que había alguien a mi derecha. Yo tenía una cámara grabando y en las imágenes se ve que de repente yo me giro, porque la sensación es tan poderosa que me volteé para ver quién había allí, a pesar de que tenía los ojos vendados. El doctor Gaona me dijo que, para los que somos diestros, este tipo de sensaciones suelen tener lugar en el lado derecho, por encima del hombro, por la región cerebral que se está estimulando. Luego tuve un gran dolor de cabeza durante toda la noche. Me pareció en cualquier caso una experiencia muy interesante. Quizás estas apariciones que sentimos tengan que ver con nosotros, con nuestro cerebro, que conecta con algo, con alguna señal de fuera…

De hecho, usted no oculta en ningún momento sus dudas. Por un lado, se conmueve ante el relato de personas comunes, por otra informa sobre posibles explicaciones científicas de tales fenómenos e incluso expresa abiertamente: “Mi particular inmersión en el universo de los Guardianes iba llegando a su fin con más dudas que certezas.” ¿Qué duda era para usted la más importante?

La duda de si existen o no estos Guardianes se disipó por completo al cabo de dos años de investigación. Haber entrevistado a gente como Ron diFrancesco, a alpinistas, a gente que en todo tipo de situaciones había tenido tales experiencias me disipó por completo la duda de que, en un momento dado de nuestra vida, algo se despliega ante nosotros y es capaz de salvarnos la vida. ¿Dudas? Todas las del mundo, porque asumir eso implica dudar de muchas otras cosas… ¿Por qué a unos sí y a otros no? ¿De dónde proceden? ¿Tienen que ver con un misterio o es algo físico? ¿Tienen que ver con el enigma de nuestro cerebro, que me parece igual de fascinante? En el fondo creo que es muy sano dudar. En un momento dado del libro, cuando estoy recogiendo un montón de casos, hablé con el doctor Manuel Martín-Loeches, profesor de neurociencia de la Universidad Complutense, y él me tiró un montón de cosas por tierra, cosas en las que yo estaba empezando a creer. Por ejemplo, sobre las apariciones en hospitales de personas que vienen a alentar a familiares, él me comentó: “En esas situaciones, de tensión y de estrés, es muy posible que alguien pueda ver a una persona física y que no sepa por dónde ha desaparecido, porque hay lagunas en la memoria…” Me dio un punto de vista que me parece también muy interesante, y yo no quiero ser partidista, quiero contarlo todo. Parte de la investigación es acudir a gente que con un escepticismo absolutamente sano puede tirarte por tierra lo que estás creyendo hasta ese momento.

Procuro rodearme de personas que me ofrezcan una perspectiva más escéptica, porque, al final, si lo necesitas, es muy fácil creer, y no creo que sea la perspectiva óptima.

Javier Pérez Campos

Pero entonces, ¿es la fe lo que le hizo seguir adelante con su libro?

Yo creo que es más bien la duda lo que me mueve y me motiva. La duda me mueve para todo, tanto para mi desempeño en mi colaboración con Cuarto Milenio como para el desempeño en este tipo de libros. Porque, en el fondo, te das cuenta, de que los científicos tienen visiones completamente diferentes entre ellos. Por ejemplo, la de Manuel Martín-Loeches es diferente a la de José Miguel Gaona, y eso te demuestra que en la ciencia hay debate porque no hay certeza, con lo cual hay que escuchar todos los puntos de vista, siempre desde un análisis crítico, sin inventarte nada. El libro demuestra que en las dudas está la magia de la investigación y del misterio.

Tiene una escucha abierta en todo momento. Abre su correo electrónico en todo momento para que la gente le contacte y le explique sus casos. ¿Cuánta basura hay en todo ello?

Muy poca… Me he encontrado más con errores de interpretación o con gente que quiere creer… En ocasiones, el gran enemigo es la necesidad de fe, de creer en algo, que te hace ver la vida de manera distinta. Por eso procuro rodearme de personas que me ofrezcan una perspectiva más escéptica, porque, al final, si lo necesitas, es muy fácil creer, y no creo que sea la perspectiva óptima. En el libro procuro dar voz a todo el mundo, pero también es importante la reflexión, y en ocasiones, este tipo de fenómenos puede ser fruto de confusiones, no lo descarto en absoluto. La mente, en un momento dado, puede enviarte un S.O.S. desesperado y todo esto ser producto de ese llamamiento… Es una posibilidad, ¿no?

Al final, el mayor misterio podemos ser nosotros mismos.

Javier Pérez Campos

¿Qué quiere que se lleven del libro?

Yo me di cuenta de que no encontraba denominadores comunes en los supervivientes a grandes tragedias; no encontraba un patrón que se repitiese de manera habitual, pero sí me di cuenta de la perspectiva de vida que tienen esas personas después de sobrevivir a una tragedia y hacerlo por un misterio que las había guiado. Para mí tuvo mucha fuerza encontrarme cara a cara con Ron diFrancesco y escuchar decirle que su vida había cambiado por completo, que le habían regalado 18 años de vida, que se había apoyado desde entonces en su familia… Él había estado muy volcado en su trabajo, y de repente se dio cuenta de que lo que verdaderamente valía la pena eran la familia, los amigos, la vida… Estamos obcecados en la angustia del día a día, del mañana, en lo que nos va a pasar, y nos perdemos el ahora, el vivir el momento. A mí me ha servido. Somos afortunados si tenemos un trabajo que nos gusta, si tenemos buena gente que nos rodea… Y quizás nosotros lleguemos a ser Guardianes de alguien. No sólo es un misterio sobrenatural, a veces, la gente de carne y hueso también ayuda y salva vidas, aunque no lo sepa. Al final, el mayor misterio podemos ser nosotros mismos.


El último superviviente

Javier Pérez Campos (1989) es periodista especializado en casos de misterio. Éste es su cuarto libro y forma parte del equipo del programa Cuarto Milenio, dirigido por Iker Giménez (Cuatro). Javier recoge continuamente testimonios a través de sus redes sociales y también por correo electrónico, sabedor que su labor posterior, la de investigación, es la que dará sentido e hilvanará caminos a recorrer en su pasión por saber, por conocer qué más hay tras simples señales no siempre visibles ni tangibles.

Javier Pérez Campos con Ron diFrancesco

El caso que más quebraderos de cabeza dio a Javier Pérez Campos fue el de Ron diFrancesco, la última persona que salió con vida de la Torre Sur del World Trade Center, en el atentado de Nueva York, en el año 2001. Si bien gran parte de los testimonios que se recogen en el libro proceden de personas que se han prestado de una manera u otra a hablar de sus experiencias, a Ron diFrancesco le tuvo que buscar arduamente. Incluso dudó si existía verdaderamente. Finalmente consiguió hablar con él. Su testimonio es brutal. DiFrancesco consiguió salvar su vida gracias a una extraña voz. Ni siquiera fue una figura borrosa. Era una voz que le guio hasta la salida a través de un camino aparentemente imposible. En estado de pánico, Ron diFrancesco no se preguntó a quién pertenecía esa voz. “Era muy calmada, no había miedo en ella. No gritaba ni temblaba. Llegó en el momento en el que más asustado estaba. Y pensé que, si esa voz me estaba llamando, quizá habría una oportunidad para mí. La voz me guio. Atravesé las llamas y el fuego, obedeciéndola”. DiFrancesco cruzó un infierno, saltó columnas de humo hasta, de manera inexplicable para los bomberos, consiguió salir del edificio. Fue el último en hacerlo. Fue el último superviviente.


Puedes seguir a Javier Pérez Campos a través de Twitter, Facebook e Instagram


Los Guardianes. Editorial Planeta, 2019 – PVP: 20,90 €

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