Annabel Arcos, escritora: “El cáncer se acaba cuando tú dices que se acaba”

Annabel Arcos (Barcelona, 1982), escritora, habla sin tapujos en vivo y en su libro “Mi querida amiga” (Ediciones Urano, 2019). “La enfermedad es una mierda”, dice. Y añade: “Pasar por un cáncer de mama no tiene nada de positivo. Otra cosa es la experiencia vital”. Y también dice otras verdades como templos: que tú no tienes ninguna culpa de tener un cáncer; que una actitud positiva te ayudará a sobrellevar mejor el proceso, de acuerdo, pero no te va a curar, y que después… Hay un después y no es un campo de rosas. De absoluto interés es su capítulo al cáncer psicológico. ¿Qué es? “Todas aquellas secuelas, sentimientos o emociones derivados del momento que estamos viviendo durante y tras el cáncer”. Y es que más allá del tratamiento oncológico, el que se necesita para que el cuerpo sobreviva, persiste el cáncer que deja huella en el alma y en la psique.

A Annabel Arcos Ruiz, cuando tenía 33 años, una hija de cinco y separada hacía muy pocos meses, le cayó una bomba emocional en la consulta médica: “Tienes cáncer de mama en el pecho izquierdo”. Fundido en negro. Su vida volvía a dar otro giro doloroso. No era la primera bomba que la pillaba desprevenida; anteriormente, a los 23 años, tuvo que afrontar el dolor que supuso la muerte en accidente de tráfico de sus padres y de su hermana pequeña (17 años). Si alguien sabe lo que es ser resiliente, esa persona es Annabel. “Hay situaciones en la vida que no se superan, y sinceramente, tampoco creo que tengamos que hacerlo. Se trata de encontrar en nuestro día a día la manera de conciliar con lo que nos ha marcado emocionalmente. La vida es un continuo aprendizaje en el que tú decides con qué te quedas y de qué prescindes”. De una energía impresionante, Annabel es una dinamo generadora de ideas y de proyectos. Tiene un blog, http://annabelarcosruiz.blogspot.com/ (Sin ti no puedo) y ha escrito dos libros “Cáncer, contigo puedo” (La Esfera de los Libros, 2018) y “Mi querida amiga” (Ediciones Urano, 2019), que empezó como un escrito para su amiga Noe, también paciente de cáncer. Su estilo es directo, sincero y sencillo. Para qué andarse con tecnicismos si eso lo puedes encontrar en una consulta médica. En su libro, en cambio, vas a encontrar a esa amiga que necesitas, que ha pasado por una experiencia como la que posiblemente estés pasando tú y que te da consejos muy importantes: tu enfermedad no te la has causado tú, encuentra tu átomo vital, lo que te hace fuerte, y cuídate mucho porque tras el tratamiento oncológico físico puede venir una etapa dura de la que no siempre se habla.

La etapa “post cáncer” cobra una importancia enorme que hay que reivindicar. Durante el proceso del tratamiento oncológico la paciente está siempre guiada y escuchada, pero cuando el tratamiento oncológico finaliza (quimio y/o radioterapia y operaciones, sin contar con las posibles reconstrucciones), e incluso el círculo más íntimo se retira, porque también debe recuperar su normalidad, el paciente que ha sobrevivido sufre una gran vulnerabilidad psicológica: “Tras finalizar con el cáncer me enfrenté a dos monstruos con los que no contaba: la ansiedad y la depresión”. Ya nada va a volver a ser como antes. Tampoco es necesario que lo sea. Posiblemente será imposible que lo sea. Pero de ese “cáncer psicológico”, tal y como Annabel Arcos lo llama, pocos te avisan. Un buen consejo: “Lo importante es que después de este período puedas continuar con tu vida de la manera que quieras”. Aquí tienes a esta gran mujer.

“Mi querida amiga”. Annabel Arcos Ruiz. Ediciones Urano. PVP: 12 €

Quién es Annabel Arcos Ruiz

Madre, pareja, hija, hermana, nieta… Soy muchas versiones de mí misma, y también soy escritora.

Escribe un blog, que respira con usted y también escribió otro libro que tituló “Cáncer, contigo puedo”. ¿Querer es poder?

Primero escribí el blog y durante el blog escribí el primer libro y sí, si quieres, puedes conseguir tus objetivos, si los tienes claros. Lo que ocurre es que no siempre tenemos claras las metas. Quizás consigamos cosas que pensábamos que no deseábamos, pero en cambio la vida nos ha conducido a esos deseos.

Entre el primer y el segundo libro hay un pecho reconstruido. Tras la experiencia de la reconstrucción, ¿entiende que haya muchas mujeres que prefieran no reconstruirse la mama?

Sí, todas las opciones son lícitas, lo mismo que ponerse o no pañuelo, ir rapada, ponerse peluca… Al final debe ser una decisión tuya, no impuesta por la sociedad. Yo decidí reconstruirme.


Annabel Arcos Ruiz

Su imagen externa es el de una mujer coqueta, cuidada, que se maquilla, que se pinta la sonrisa de rojo, con cortes de pelo muy en tendencia. ¿Siempre ha sido así o tras sufrir el cáncer decidió afrontar una nueva Annabel?

Siempre he sido así. En mi antiguo trabajo siempre iba con mis tacones, con mis labios pintados de rojo, y cuando me detectaron el cáncer iba a las sesiones de quimioterapia exactamente igual. Me acuerdo de que las enfermeras me decían: “¿Pero a dónde vas?” y yo les contestaba: “¡Pues a la quimio! El día que yo deje de ser así y de ir así, entonces estaré muerta”. Cada uno ha de enfrentarse a las situaciones que le trae la vida como sea él. No has de ser ni mejor ni peor. Has de ser tú.

Dice: “El cáncer no me cambió. Cambié yo”. Toda una declaración de intenciones que pone el foco sobre la voluntad personal. El cambio, ¿es resistencia o adaptación?

Es adaptación. Siempre digo que soy una versión mejorada de mí misma. Yo he evolucionado a raíz de una experiencia vital, no del cáncer. He tenido que readaptarme, redescubrirme y transformarme. Lo que duró mi tratamiento oncológico lo convertí en una época de creatividad en la que descubrí mi afición por escribir. La clave es ser flexible. Yo me he adaptado a mis circunstancias y he tomado consciencia de cuáles son mis límites y mis posibilidades. Eso me hace sentirme más feliz y me aporta tranquilidad y equilibrio.

Pero ése es un camino duro, difícil…

Mucho… He llorado muchísimo, en ocasiones me he encontrado muy sola, aunque tengo una familia excelente y un círculo de amigos que me han apoyado muchísimo, al final has de tener un momento de soledad en el cual debes encontrarte contigo mismo para poderte decir: “He de tirar adelante”.

¿Diría que esos momentos de soledad son necesarios?

Sí, es como encontrar el átomo de tu ser. Es encontrar tu fuerza. En esa soledad tocas fondo y lo que sigue, luego, es subir a la superficie.

Melchor Miralles, que prologa su libro, la define como “cuidadora universal”. En la vida hay “cuidadores” bajo cuyo cobijo uno siempre desearía estar. Pero, en ocasiones, esos cuidadores también necesitan de otros… O por lo menos dejar de ser referentes…

Eso ha sido lo que más me ha costado aprender… Bueno, yo no sé si soy cuidadora universal, creo que viene de familia… Tengo a mi abuelo, de 90 años, que cuando voy a verlo me cuida, me mima… me sirve de spa. Los cuidadores tenemos que ser conscientes de que necesitamos ayuda. Lo que más me ha costado ha sido pedir ayuda. Nunca me había dejado ayudar, me he enfrentado a situaciones muy duras y mi resiliencia me había hecho tirar adelante siempre y no relajarme. El cáncer me dijo: “O te relajas, o te relajo yo”.

Dice: “Nunca me ha gustado hablar del cáncer como una lucha, sino más bien como una etapa de recuperación”. Yo diría de “RecuperaAcción”, porque menuda actividad lleva usted…

Durante la etapa del cáncer me paré, me encontré a mí misma y pensé: “Voy a tener un tiempo para dedicarme a hacer lo que yo quiera”. Al final, siempre, siempre, siempre, hay una parte buena en las cosas que nos pasan, y eso no es positivismo barato. Yo me dije: “Vale, tengo una enfermedad, no puedo trabajar, pero tengo una hija a la que puedo llevar al cole y recoger cada día”, bueno, cuando me encontraba muy mal, no, pero el resto de los días era yo quien la llevaba al colegio. Valoré que podía pasar más tiempo con mi hija y dedicarme a algo que me encantaba, que era escribir. Me rehíce, me encontré a mí misma. Yo siempre he sido muy activa. Durante el cáncer el tratamiento me alteró el sistema nervioso, algo que puede pasar, y yo no podía dormir por las noches. Así que me puse a escribir y así surgió el primer libro. Mi mente no paraba, estaba muy creativa y absorbía muchas ideas, por eso surgieron muchos proyectos.

Tener una hija pequeña y compaginarlo con el cáncer no debió ser fácil

Hubo momentos duros, pero ella valoró mucho los esfuerzos que yo hacía. Uno de los momentos más emotivos ocurrió en nuestras “reuniones de despacho”. Las hacíamos en la bañera, allí teníamos nuestras conversaciones entre madre e hija. Yo le dije en una ocasión: “¿Pero quién me amará así, hija, calva, sin pecho…” A lo que ella me contestó: “¿Y?” Y yo insistía: “Sólo tengo un pecho, cómo voy a encontrar pareja… ¿Quién me querrá?” Y ella volvía con su “¿Y?” Todo el rato era así. Hasta que al final me dijo: “Mira, mama, estás enferma, ¡pero yo te veo contenta!”.

También hubo otro momento, en el que me encontraba fatal, y le pregunté a dónde le gustaría ir cuando me curase, para celebrarlo, a modo de promesa, y ella me dijo que a “Sebastián” (San Sebastián). Y cuando acabé todo el tratamiento, cogí habitación en el mejor hotel de la ciudad y pasamos un fin de semana de princesas y celebramos allí mi recuperación. Fue entonces cuando le dije: “Ahora yo vuelvo a ser la mama, y tú la hija”, porque mi cuidadora universal había sido mi hija.

¿El sentido del humor le ha salvado en más de una ocasión?

Sí, el mío y el de mi familia, porque nos burlábamos y reíamos mucho. Incluso durante las pruebas más duras.

No existe ningún estudio que vincule cáncer y emociones, pero ¿por qué se dice, entonces, que cuerpo y mente son uno?

Porque cuando el cuerpo está mal, la mente también lo está. Si tienes gastroenteritis estás floja, sin ganas. Durante un tiempo sí que me cuestionaba sobre qué había hecho yo para padecer cáncer, quizás todo lo que pasé con la muerte de mis padres y de mi hermana fue la raíz, pero aquella idea era por completo irracional. He tenido un cáncer porque lo he tenido. Basta. El cáncer es multifactorial, pero sí que es cierto que después de la enfermedad me cuido mucho más emocionalmente, y eso es a causa de la experiencia vital. Cuido mis emociones, mi tiempo, a quién se lo dedico y soy mucho más selectiva.

De hecho, el doctor Pere Gascón, que hasta junio de 2014 había sido el jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Clínic de Barcelona, decía que el cáncer se alimenta de la inflamación, y que ésta es un proceso orgánico, pero que estar expuestos a situaciones que causan mucho estrés a lo largo de mucho tiempo acaba provocando inflamación, que al final es el alimento del cáncer

Hay una relación, pero no hay que volverse locos con todo el tema de la alimentación, las emociones… Las emociones son un factor más, y en general hay que cuidar más de ellas, yo lo he aprendido, pero no creo que por el hecho de cuidar más de mis emociones me evite -esperemos que no- un segundo cáncer. Es como lo de tener una buena actitud. Tenerla no te va a curar. Te ayudará durante todo el proceso, pero no te va a curar. Sin embargo, también te servirá con tu entorno. La enfermedad no sólo afecta a quien la contrae, tu círculo también sufre. Muchísimo. Creo que es un acto de amor hacia aquellas personas que te acompañan hacerles el proceso fácil. Si tienes una actitud positiva, les ayudas.

Usted dice que la resiliencia es una capacidad innata en el ser humano que ponemos en práctica cuando nos vemos expuestos a situaciones límites, pero que no todo el mundo la desarrolla. ¿Por qué?

No todo el mundo tiene las herramientas ni sabe hacerlo. Depende mucho de lo que has recibido en tu infancia. Si hemos recibido amor, equilibrio, aprendizaje, la sensación de pertenecer a una familia, a una casa, todo ello te sirve en tu vida adulta, son recursos. Por eso yo digo que, aunque haya tenido una vida muy dura, soy muy afortunada, porque he tenido una infancia llena de amor, de cuentos, de comidas caseras, de desayunos con mi madre, de saber qué es una hermana… He recibido muchos valores que me han permitido desarrollar mi resiliencia, y cuando la he tenido que poner en práctica he sabido qué era lo que estaba bien y lo que estaba mal. Sabía hacia dónde debía ir, no me he perdido en la vida. Depende mucho de tus aprendizajes y de tu círculo. Yo tengo una red muy grande de personas que me quieren mucho y a las que yo quiero muchísimo. Yo, calva, en mitad de mi tratamiento, le decía a mi psico-oncóloga: “Debo estar loca, porque me siento feliz”. Y ella me dijo: “No estás loca, estás viva”. Yo estaba envuelta en amor. Mi familia me acompañaba a la quimioterapia, tenían una parrilla de turnos hecha en Excel para controlar que siempre estuviera con alguien: tíos, primos, amigos… Mis vecinos me traían cada día el desayuno, había gente que me dejaba caldo en la ventana de casa… ¡Una pasada! Estaba rodeada de amor, y eso es el principio de la felicidad… No estaba loca.

Antes de reconstruirse un pecho guionizó, dirigió y protagonizó junto al actor Sergi López un corto, “Princesa mastectomía”. Hábleme de esa experiencia

Como todo en mi vida, pasó sin planificarla. Me invitaron al programa “Els Matins”, de TV3, con Lidia Heredia, para hablar sobre la sexualidad durante el cáncer. Cuando salí me fijé que estaba él y otro hombre, pero yo estaba tan “on fire” por la idea de ir a hablar a la televisión sobre sexo y cáncer que, en aquel momento, a pesar de que me sonaba, no lo reconocí. Nos sonreímos y me dijo: “¿Nos hacemos una foto?” Yo dije que vale, y nos la hicimos. Después se la enseñé a una amiga que me descubrió quién era, y lo busqué por las redes sociales para mostrarle la foto. En aquel momento quería hacer algo por mostrar cómo es una mujer, tal cual, tras una operación de pecho, quería enseñar su belleza, estaba harta de lazos rosas. Quería mostrar lo que había sufrido y yo y tantas otras mujeres que habían pasado por mi situación. Como sabía que Sergi López es valiente y arriesgado, le propuse participar en mi proyecto. Consistía en hacernos unas fotos en las que veía una narración: una mujer como yo, sin un pecho, podía mostrarse sexy y ligarse un hombre como él. Empecé a mover el proyecto y conseguí la participación altruista de maquillaje, vestuario, fotografía… Conseguí las fotos, y con ellas pensé dar un paso más, que fue crear un corto, que hice con mi móvil y con la voz en off de mi hija, incluso ella me ayudó a grabarlo. Fue una sorpresa para Sergi López y para mis seguidores. Y ya, finalmente, me tiré a la piscina y lo quise dar a conocer al ayuntamiento de Terrassa. Llamé, me presenté, les dije que había hecho el corto y que mi idea era presentar mi libro y el corto en el cine Catalunya de la ciudad. ¡Y me dijeron que sí! Reuní a más de 400 personas. Aforo completo. Fue un acto precioso. Es un corto muy casero, pero he conseguido que no se vea que la protagonista sólo tiene un pecho, sino que se ve una mujer sexy, poderosa. Yo quería mostrar que nuestra actitud nos hace únicos e irrepetibles. Y que depende de nosotros. Tú tienes la responsabilidad de tu actitud.

Annabel Arcos con sus dos libros, durante la entrevista con Hablamoscon.com

Nunca habla del cáncer como una guerra a ganar

El cáncer no es ninguna guerra. En ocasiones te presentan como una guerrera, como un soldado. No, yo no estoy en ninguna trinchera, yo estoy viviendo y durante el tratamiento un porcentaje de mi vida es cáncer, pero el resto es mi hija, es mi casa, es mi familia, mis amigos…

Yo, cada seis meses, paso revisiones. Y eso va a ser así durante diez años. Falta educación emocional e información sobre el cáncer, qué es, cuánto dura y sus secuelas. Estás calva y tienes cáncer; te crece un poco el pelo y ya no tienes cáncer… No, perdona, tengo cáncer. El cáncer no se acaba cuando físicamente lo has superado, si por suerte ha sido así. Después está el cáncer psicológico: el cáncer acaba cuando tú dices que ha acabado, no cuando te lo dice el oncólogo. Que tú hayas superado esta enfermedad no significa que no sigas sufriendo sus secuelas. En mi caso, he de ir semanalmente al fisioterapeuta para la rehabilitación de mi brazo, pues he sufrido linfedema, realizo periódicamente pruebas a las que yo llamo “la ITV”, y voy a sesiones de psicología oncológica porque sufrí una depresión importante. Me ves fuerte, pero las fuertes también lloramos. En las redes me sinceré y expresé que me habían diagnosticado una depresión, porque quería liberarme del pudor que provoca esta enfermedad y ayudar a otras personas a liberarse de ese tabú. Parece que si dices que vas al psicólogo eres menos valiente, más débil… No, mira, soy humana y me han diagnosticado depresión a raíz de haber hecho un esfuerzo impresionante física y emocionalmente. Mi mente está agotada y necesita recuperarse. De la misma manera que he cuidado mi cuerpo, estoy cuidando de mi mente y de mis emociones. Cuando hablas de una manera natural es mejor para ti y para las personas que te acompañan,  para que entiendan qué te pasa. La vergüenza, el pudor, me los paso por el forro. Es necesario hablar de las secuelas mentales y emocionales del cáncer. Tampoco se habla de la “quimiobrain”.

Hábleme de ella

Empecé a notar que tenía pérdidas de memoria, falta de concentración, no podía leer… Nunca me había pasado y cuando se lo expuse a la psico-oncóloga, porque me estaba empezando a preocupar, me brindó mucha información para leer sobre la “quimiobrain”. Esas lagunas son debidas a la quimioterapia. Las neuronas son las únicas células que no se regeneran y la quimio mata el bicho, pero también las neuronas. Yo vivo con ello.

¿Qué recursos utiliza para salvar esas lagunas?

Leo mucho, escribo y busco muletillas, como sinónimos y juegos sencillos de recordar palabras. Lo importante es mantener el cerebro activo y ser consciente de que te pasa, para aceptarlo y evitar bloqueos y ansiedad.

Los efectos de los tratamientos oncológicos no están reconocidos en el mundo laboral

En teoría debería haber adaptación laboral, pero a la práctica no es tan fácil. Hay que tener en cuenta que la quimio suma, y al final te encuentras fatal. Creo que deben adaptarse las empresas, los puestos de trabajo y también las personas. Lo que más falta hace es la educación emocional, un reconocimiento a las enfermeras y al personal sanitario de la sanidad pública que hacen una labor impresionante sin muchos recursos. Y otra cosa: el cáncer tiene un precio; no todo el mundo puede superarlo y volver a la vida con calidad porque no tiene los recursos económicos suficientes para ello.  Menos lazos, más reconocimiento y recursos para la sanidad pública y más educación emocional. Probablemente soy política y socialmente incorrecta, pero no confío en las campañas del lazo rosa. Más dinero para la investigación y menos marketing.

Pero las campañas permiten recaudar dinero…

En comparación con lo que se dona, es limosna. Siempre extraen más rédito para esas empresas que las llevan a cabo que para lo que debería destinarse. Yo no quiero limosnas. El cáncer de mama vende. Al final se ha convertido en una marca. Pero también hay que tener en cuenta que hay otros muchos más tipos de cáncer. Y no olvidemos a los hombres que sufren cáncer de mama, que también hay y se están obviando, y no creo que se sientan muy identificados con el lazo rosa.  Muchas empresas, marcas y personas se han subido al carro del cáncer de mama porque les ha dado imagen, pero seguramente no conocen la enfermedad en su auténtica dimensión.

Y luego están las redes sociales

Eso merece otro capítulo aparte. A mí me han bloqueado el perfil más de una vez por “incitación a la pornografía”. Puedes colgar la letra de una canción que muestra trato vejatorio para la mujer, que la muestra sumisa, puedes enseñar un culo, un baile que realmente parece pornográfico, pero luego muestras cómo es mi pecho y mi cuerpo tras un cáncer y me tachan de “incitación a la pornografía”. Me han amenazado con cerrar mis cuentas tanto de Instagram como de Facebook. Hice una acción: “Menos lazos, más peras”, en la que diversas mujeres nos mostrábamos en la playa en top less tal y como éramos: con dos pechos, con uno, etc. ¡Pues me censuraron en las redes porque lo calificaron como de pornográfico!

Las cicatrices del cuerpo son heridas siempre latiendo…

No te diría del cuerpo, te diría del alma. Las cicatrices que yo me veo cuando me miro al espejo son las del alma, son esas las que me hacen daño. Las del cuerpo no me importan, de verdad. Me las cuido, pero las que me preocupan, a las que les dedico tiempo, amor y cariño son las del alma. Éstas cuestan, continúan latiendo. No hay que ponerles tiritas, sino amarlas, convivir con ellas, adaptarte y mimarlas.

Tras una amplia experiencia entrevistando a personas, me sorprende que sean las que más difícil lo han tenido en la vida las que nos puedan dar tales enseñanzas de vida. Hablar de amar las cicatrices del alma es increíble.

Cuando hago charlas, me gusta comenzar siempre de la misma manera. Quizás resulte cansino, pero así lo hago:

“Me llamo Annabel Arcos Ruiz, tengo 38 años, con 23 años perdí a mis padres y hermana en accidente de tráfico; a los seis meses murió mi tío; al año murió mi abuela paterna; a los seis meses la abuela materna; me enamoré, tuve una hija; me separé y a los dos meses tuve cáncer de mama. Y ahora lo explicaré de otra manera, porque pensaréis que esto es una mierda de vida:  Soy Annabel Arcos Ruiz y tengo 38 años. Nací del amor del Andrés y la Manoli; tuve una infancia llena de cuentos, de cafés, de pisto manchego, de paellas…; tuve la gran suerte de conocer a la mitad de mi alma, que fue mi hermana; sabían que los amaba y yo sabía que ellos me amaban; se fueron juntos para reencontrarse y se encontraron, y no volvieron. Posteriormente me enamoré, y de ese amor supe lo que era que te creciera el amor de dentro de las entrañas. Tuve una hija y por suerte me separé. El cáncer me dio la oportunidad, la experiencia vital de encontrar mi vocación real, que es escribir; he conocido el amor de verdad con un pecho; he adoptado un perro y los proyectos siguen”.

Al final, la vida tiene una cara A y una cara B. Y a mí me gusta hablar de la cara B. Y yo, aunque haya sufrido muchísimo, no le quiero restar ninguna importancia a mis experiencias dolorosas, también soy muy afortunada porque he tenido la oportunidad de crecer en un entorno feliz, lleno de amor,  de tener un círculo familiar y de amistades que me quieren muchísimo y eso es de agradecer. Tu felicidad ha de depender de muchas patas. No puede apoyarse sólo en una. Y sobre todo quiérete. Mucho. Yo he aprendido a quererme mucho para poder dar lo mejor de mí a los otros.

Soy persona, también me equivoco, pero he aprendido a amar a aquellas personas que ya no están, por ejemplo a mi hermana, en la distancia. Los llevo siempre en mi corazón y hago cosas para mantenerlos vivos en mis cicatrices. Como el fondo bibliográfico de mi hermana, que es una manera de darle continuidad y de que esté presente en mi corazón y en el de todos aquellos que hacen uso de esos libros y de quienes los aportan. He aprendido a valorar cada pequeña cosa y dar gracias siempre por lo que tengo.

¿En qué consiste?

El Fondo Bibliográfico Eva Arcos se nutre de libros que proceden de la solidaridad del Instituto Egara, que era donde ella estaba estudiando, de la mía, de los ahorros que tenía Eva y de personas que aportan libros a la biblioteca del instituto. Aceptamos cualquier tipo de libro, siempre que sea nuevo, es decir que lo hayas comprado, porque eso es un acto de amor, y que sea un libro especial para ti. Los primeros 40 títulos fueron los preferidos de mi hermana. Los tres primeros que compramos eran los que ella llevaba encima cuando sufrió el accidente de coche y el resto fueron sus libros preferidos. A partir de eso, cada 23 de abril, por Sant Jordi, el instituto aporta seis libros, tres en catalán y tres en castellano, y yo hago siete: tres en catalán, tres en castellano y uno en inglés o en francés. Actualmente tenemos más de 400 libros. Es un proyecto solidario que empezó hace 15 años. Primero empezó como algo familiar, pero ha ido creciendo y tomando dimensión. Creo que es el proyecto del cual me siento más orgullosa.

A su hermana le encantaba leer

A mi hermana, a mi familia… Y pensé que en lugar de llevar flores al cementerio podía decir que la quería con literatura en su instituto.

Dice: “Lo importante es que después de este período puedas continuar con tu vida de la manera que quieras…” o que puedas… porque si no puedes trabajar, estás sola…

Siempre puedes encontrar alguna manera. Yo me he tenido que reinventar… Lo que intento decir en el libro es que siempre puedes intentar ser feliz y reinventarte de una y mil maneras. No hay una única manera, primero debes confiar en ti. Has cerrado un camino, bueno, abre otros… No es una cuestión de optimismo, es ser realista, adaptarte y ser flexible. La vida no es una hoja perenne, vamos cambiando, transformándonos… Pregúntate: ¿Cuáles son mis circunstancias? Y ¿qué puedo hacer? Quizás no puedo correr, pero puedo caminar…

Qué desea que se lleven de su libro.

Me gustaría mucho que cada persona que leyera el libro encontrara su manera de mirarse en el espejo y de quererse, de querer sus cicatrices. No quiero aleccionar a nadie, no soy nadie para hacerlo, sólo soy una persona que ha vivido esta experiencia y me gustaría que las personas que leyeran el libro se dijeran: “Si esta ha podido, yo también”.


http://www.instagram.com/annabelarcos.writer

Corto rodado con Sergi López: Princesa Mastectomía https://youtu.be/S3J3ri_Nfac


Frases que son cápsulas de salud

Algunas frases del libro de Annabel son como cápsulas de salud mental y emocional. Aquí tienes algunas:

  • “Teniendo cáncer estás viva y debes vivir tu vida tratando de que el bicho te condicione lo menos posible”.
  • “La mejor manera de enfrentarte al cáncer es la tuya”
  • “Tu vida no gira entorno al cáncer; éste es tan solo una etapa más”
  • “Aprender de las experiencias vitales no siempre ocurre en el momento en el que las vivimos y estas experiencias, como tales, no tienen por qué ser precisamente positivas”.
  • “El cuerpo es un traje que nos acompaña. Nosotras tenemos la belleza del alma, la que nace de dentro. Esa es la que tienes que cuidar, mimar y proteger”
  • “Pasar por esta experiencia no nos hace ni mejores ni peores personas”


Tu no tienes la culpa

Sobre la corriente de que las personas siempre deben tener pensamientos y emociones positivas para no provocarse enfermedades: “No existe ningún estudio que confirme que el cáncer esté vinculado a las emociones, ni que ellas sean las responsables del diagnóstico. Tú no eres la responsable de padecer cáncer (…). La actitud positiva no va a mejorar ni a empeorar tu diagnóstico. Dicho lo cual, mantener una actitud positiva te hará más llevadero pasar por este trance. Por lo que Annabel te ofrece algunas claves para lograr un equilibrio emocional óptimo que te facilite el proceso:

  1. Actitud positiva (que no imperativamente positiva) en el día a día
  2. Sentido del humor
  3. Delegar/confiar en quien te rodea
  4. Priorizar lo que suma, prescindir de lo que resta
  5. Descansar

El apunte de Hablamoscon.com

Un estudio realizado con hospitales de referencia, como el Virgen Rocío, de Sevilla o el Hospital Clínic, de Barcelona, ha demostrado que el uso de órtesis, como los de la marca Anita care, en lugar de vendajes, reduce la aparición de algunos efectos secundarios como el linfedema por extirpación de ganglios linfáticos del brazo afectado (inflamación muy dolorosa e invalidante). Sin embargo, aún no existe un protocolo generalizado que prescriba el uso de estos dispositivos externos. La medicina pública es referente, pero aún queda mucho por hacer…

Si quieres leer más información sobre el estudio médico de la órtesis de Anita care:

http://www.v-introversion.com/flipbook/IV51/index.html#46


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